Visita al estudio #7: Arián Dylan
CAVISMO Entrevista a Arián Dylan, creador visual. Por Adriana de la Rosa
CAVISMO: modo de intervenir un objeto, cuya cualidad es la de constituirse por capas o estratos; por ejemplo, libros, revistas, hojas o películas de pintura acumuladas. Su proceso se da a partir del recorte o sustracción de cada capa, para generar huecos con formas específicas o azarosas. Hace aproximadamente 2 años, Arián Dylan (Oaxaca, 1984) comenzó con la intervención de libros a partir de la sustracción de segmentos, provocando con esto que el vacío (la ausencia de) sea quien de tono y forma a la pieza.
Su trabajo comenzó con la pintura: sobre una base sólida, de madera, superponiendo capa tras capa de acrílico mezclado con cemento, la que después desgastaba sustrayendo secciones. Descarapelándola, pues, como si se tratara de una pared a la intemperie. Esto fue lo que dio origen a Piel Urbana (2004), políptico de 14 cuadros (de 50 x 50 x 7 cm c/u) como metáfora de las paredes de la ciudad de Oaxaca.
A: ¿Cuál es tu concepto? AD: Mi concepto es el “proceso”. En el caso de la pintura se trata de un concepto más subjetivo, por lo tanto más abstracto. No hay una intención de dar un mensaje concreto, es más el rollo personal de empezar a explorar en un sentido formal y de búsqueda de colores. Una búsqueda en el proceso mismo de descascarado al azar. Aun en el trabajo sobre las paredes que, aunque puedes ver una simetría, se trató más bien de ver que tanto podía controlar el descascare y hacer que el espectador se enfrentará con este juego azaroso, y así generar un impacto.
A: Hablas del azar en las formas, pero ¿qué tanto azar está presente en tus colores?
AD: Después de toda la experimentación con el azar, el color se volvió como mero gusto de buscar juegos visuales con la teoría del color. Como trabajar una pieza en gamas azules y de pronto intervenirla con un color naranja para generar el contraste. Jugué con los colores y con el proceso del desgaste que, al ir lijando la pieza, se mezclaban. Ahí el trabajo no es tan azaroso sino más bien un poco controlado. Todo esto que digo del azar se ve más en el proceso, no tanto en el trabajo terminado. Eso es lo que se genera en quien ve la pieza, el preguntarse si la obra es azarosa o no. Y el resultado es un documento, el documento de mi proceso pictórico: tiempos, capas, sustratos.
A: ¿Cómo pasaste de la pintura al objeto, en tu caso, los libros?
AD: Me salí de la pintura un rato porque me estaba clavando mucho en el rollo subjetivo, en mi mismo y mis procesos, y de alguna manera quería regresar a lo que es la pieza y el diálogo con el espectador que, de alguna manera, se logró con Piel urbana. Aunque el nivel de diálogo era más simple, el espectador llegaba sólo a contemplar la obra por sus formas y texturas; por lo tanto, sentí que el mensaje no estaba tan claro. Y con los libros, los recortes y el dibujo, porque encontré un discurso más fácil de trabajar.
A: ¿Hablas de un discurso textual o del libro como objeto?
AD: Los libros tienen un discurso, que es el texto, y yo, digamos, ahí interpreto visualmente lo que contiene y lo intervengo jugando con el título de los libros o con el tema de estos. Y en los dibujos, sigo trabajando con la figura, una figura que representa formas humanas, personajes de cómic, etc. Con esto ya hay un acercamiento más trabajado con el público, le doy más elementos para interpretar algo más específico; no sé, empezar a hablar de algo social, de algo político o económico y viene algo personal con la introspección, el detalle que está relacionado con el Budismo. Como estar en un proceso de meditación, conocer la filosofía del Tao y del Budismo que es algo que poco a poco fuí integrando en el discurso del recorte, porque era encontrar en la sustracción ese gesto del vacío, de la ausencia que manejan ambas filosofías. El vacío como algo complementario a la realidad. Esa búsqueda de lo que no es, pero que finalmente funciona como lo que menciona el Tao: como esta vasija que es un objeto que sirve para poseer algo, agua, y sin ese vacío pierde su uso. Y pues en ese juego de complementos, como el yin-yang, darle a la ausencia el valor que en verdad importa.
A: Pues lo que veo en tus libros y dibujos es que el vacío es quien hace la pieza.
AD: Exacto. Juego con los conceptos que genera el vacío: el espacio, la ausencia, el positivo que se vuelve negativo, etc. Y es así como el vacío se convierte en un elemento importante en todas las piezas posteriores, como en mis libros.
A: ¿Cuál es el porqué de los libros? ¿Lees todos y cada uno de ellos?
AD: Pues porque me interesan los discursos. He leído la mayoría de los libros que he intervenido. Más si son libros interesantes (como el de Demian, El proceso, Las venas abiertas de América Latina) porque de esa manera puedo decir: ¡Ah! pues este libro lo interpreto de esta manera. Veo el soporte y lo intervengo. Y hay otro que no necesito leer, como éste que es más bien un catálogo de imágenes. Entender el tema, y aquí está otra vez este proceso de azar, porque comienzo el recorte en la primera página y así de una en una hasta llegar a la última. Como esta de las olas, comencé el recorte y me topé con esta página, con esta ola, y ví que funcionaba con lo que estaba haciendo. A: ¿Y de dónde tomas los libros? ¿cómo los seleccionas?
AD: De las ferias que hay. Me pongo a buscar libros interesantes visualmente, con títulos interesantes o libros que ya había leído.
A: Tu recorte es frágil. ¿Cómo mantienes la estabilidad de las páginas? ¿están pegadas?
AD: Primero las dejaba sueltas, pero como luego los hojean empiezan a dañar la pieza, entonces sólo los pego de una esquina para que por la otra el libro pueda sentirse con las hojas sueltas. Pero es para todo lo que utilizo el pegamento, para mis intervenciones no lo utilizo, dejo al papel mismo como soporte de cada forma recortada. A: Tu pretexto es el azar y ese azar te viene desde adentro, digamos, te sustrajiste a ti mismo para sustraer ahora el libro.
AD: Sí, porque creo que es importante trabajar contigo mismo para poder prepararte, y decir: bueno, ahora lo hago para los demás. Quizá suena a un acto egoísta pero necesario en el proceso. Y es así como salto al medio, me libero y me doy cuenta de que puedo trabajar en el discurso. Y se volvió como un binomio: la pintura bastante subjetiva, abstracta y azarosa, en comparación con el recorte que es más preciso, más objetivo y figurativo. Es un proceso, trabajando así con el recorte fuí buscando otros soportes como estas vasijas.
A: ¿Las recortaste antes del fundido o después de?
AD: Después, porque estoy buscando también mis herramientas, justificando mi trabajo con este rollo de la crisis, de la identidad oaxaqueña, de las comunidades, de lo social; trazando esta línea que representa la ausencia de. O hay veces que me clavo en el [tema del] género, como esto de la Virgen Buda; o en la economía, como con intervenciones con monedas, etc. Me interesa la intervención del libro porque creo estructuras simples y no superestructuras, re-significo el objeto sin cosas complejas.
A: Pero tus libros no me parecen un asunto sencillo, son bastante complejos.
AD: Sí, digamos que sí; dentro de su simplicidad existe lo complejo. Pero son piezas que no se colapsan, sino que permiten que la gente se acerque. Genero ciertos elementos para delimitar el discurso y que el espectador no divague. A: Cavismo.
AD: (Risas) Cavismo es la palabra que usé para describir este proceso de capas y los sustratos, porque no había una palabra que pudiera definirlo.
A: ¿Cavismo es por "cavar"?
AD: Sí. Porque lo que hago es cavar, cavar, cavar, y me gustó. Es lo que utilizo para explicar la estrategia de lo que hago. Mi estrategia es cavista. Una estructura generada por capas en la que yo genero huecos que constituyen la forma. Todo esto me lleva a regresar a los muros, pero ahora interviniéndolos directamente. A: ¿Y escribes?
AD: Sólo para los textos que explican un poco lo que hago. Pero no, no escribo. No estoy acostumbrado.
Arián Dylan expondrá en la Biblioteca Henestrosa, de la ciudad de Oaxaca, del 8 al 31 de mayo de 2010.
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